Está de moda, es innegable. En el trabajo, con los amigos, incluso en el supermercado, cada vez somos más conscientes de la importancia de tener una buena educación emocional. Reconocer nuestras emociones nos ayuda a controlarlas, a canalizarlas de manera positiva, y también a reconocer y comprender mejor las de los demás.
Es esencial que el niño aprenda a hacerlo, y para ello es indispensable que nosotros, los padres, le ayudemos. Ante todo debemos tener nosotros una buena educación emocional, porque ya sabemos que somos su ejemplo más directo. Debemos también hablar de las emociones, de lo que nos hace sentir de un modo u otro. Ser conscientes también del poder que tienen nuestros pensamientos. Acostumbrar a nuestro hijo a pensar en positivo, a ver las posibilidades antes que las dificultades, a confiar en él mismo. ¿Parece fácil? ¡No! ¡Nadie dijo que lo fuera! Pero es cuestión de práctica, y nuestros hijos tienen toda una vida por delante para practicar. Cuanto antes empiecen, mejor.
Os dejo este vídeo donde la psicóloga Silvia Álava nos da unos cuantos consejos útiles sobre el tema.
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